CONSTRUIR MOLINOS DE CONOCIMIENTO

William Kamkwamba tenía 13 años cuando pudo demostrarle a su familia y al pequeño y precario poblado del sureste africano donde vivía, que el conocimiento es el activo más importante para transformar realidades.


La historia quedó retratada en la magnífica película “El niño que domó el viento” que hoy puede verse en Netflix.


Sin dudas, la proeza de William es útil para emprendedores desde varias lecturas el valor de su resiliencia, superación, voluntad, esfuerzo y perserverancia frente a un contexto devastador y desalentador. Pero la lección que nos deja sobre el poder del conocimiento, es sin dudas muy potente.


En medio de la sequía, la hambruna y la pobreza extrema que Malawi atravesaba en 2001, el adolescente descubrió un libro sobre energías renovables abandonado en la biblioteca de su escuela, que enseñaba cómo generar energía eólica con unos planos impresos en inglés. Ni él ni nadie en el pueblo sabía una palabra de inglés. Sus herramientas para entender eran la curiosidad, la intuición y la deducción. Con ellas lograba interpretar los gráficos y poner manos a la obra. Juntaba desechos de bicicletas, cañas, algunos cables y chatarras. Ante el descreimiento de todo un pueblo, incluido su padre, logró construir un molino que generó la energía necesaria para dar luz, regar los cultivos, y reactivar la empobrecida economía del pueblo.


Con esa acción, un chico iluminó un camino distinto, transformador para su pueblo, para su familia y para él mismo. Con cada vuelta, el molino de William demostró que el conocimiento rompe barreras culturales, económicas y sociales en un ambiente adverso, como por ejemplo:


- La ciencia trae soluciones. Ahora se podía obtener agua sin la necesidad de esperar que los dioses invocados por rituales paganos “hicieran llover”.


- Conocer crea oportunidades. El esfuerzo físico no es la única herramienta laboral. Si se lo acompaña con el esfuerzo intelectual los frutos y los beneficios se potencian.


- Saber tuerce un destino. Con la educación los hijos pueden ser mejores que sus padres. No es inmodificable el destino de cada uno. Podemos hacer algo para cambiarlo, aún en situaciones de necesidad extrema.


Después de aquella aventura del conocimiento, la vida de William evolucionó exponencialmente. Primero fue becado para estudiar en Sudáfrica, luego en universidades de Estados Unidos. Seis años después fue convocado por Ted para contar su experiencia.


En 2017, en otra charla Ted, cuenta su nuevo propósito de expandir el conocimiento por todo el mundo.


“Yo fui inspirado por un libro. Por eso hoy quiero llevar esa experiencia a todas las comunidades para que darles información, entrenarlos y e inspirar a más jóvenes a que realicen sus propios proyectos en sus comunidades, basados en el conocimiento” nos alecciona William en esa conversación. Sin duda, el conocimiento es él molino que genera nuevas oportunidades.



AUTOR: Maxi Carbajal ( Argentina )


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